Hay días en que la sangre, más que correr por el entramado de las venas, arde como el más puro combustible. El corazón, motor desvencijado, se deja llevar y abre las puertas, y todo lo arrastra consigo.
El problema comienza al despertar.
Es imperioso volver a nuestra condición de primigenio viento, de volver a vagabundear fuera del mundo. Como Odiseo, emprender el viaje para ...