viernes, 13 de octubre de 2017

XXX

Vuelvo a soñar; pero ya no el desamor, ni la angustia coronan los aristas del sueño. En algún sitio se oculta el horror, y esta vez, ocupado en otros menesteres, se ha olvidado de mostrar su garra. No es el amor la bruma que lo enmarca, tampoco es la lluvia el angustioso esperar el encuentro con una mujer que me había olvidado.
Al atardecer habré olvidado el sueño, me habré olvidado un poco a mí mismo.

XXIX

Arde mi lecho cada noche; la pira es de solitaria ansiedad.

*

Sobre el oficio de naufragar

Es imperioso volver a nuestra condición de primigenio viento, de volver a vagabundear fuera del mundo. Como Odiseo, emprender el viaje para ...