domingo, 6 de agosto de 2017

XI


Termino por sucumbir. Abrazo la extraña viscosidad de los días, el monótono crepitar del fuego en estos corazones que despiertan para alcanzar el sueño. Me sumerjo en el agua turbia del día a día, este manotear en el aire en busca de asideros que uno sabe no existen. 
Termino por dibujar una sonrisa, por reír a mandíbula batiente con el chiste pueril del mediodía. A sentir hambre, y comer; en otro tiempo, en otra hora, con otro nombre, al encontrar el frío lo habría combatido en descampado, a pesar del desarme, a pesar incluso de la derrota asegurada. 
Pero envejezco, me conformo. 
Debo romper de nuevo los cristales, perder este atisbo de cordura.

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