Con qué arma se defiende uno de la amnesia, de su cuchilla mellada sobre la cabeza?
Todo gira con la fuerza concéntrica que es esta propensión a sumergirse en las aguas de la noche, este dejarse llevar por la corriente turbia de la embriaguez, romper cristales, abrazar lo que de animal salta en la carne del tórax.
Triste analogía: el licántropo inventado por hombres incapaces de controlar su ira más profunda y elemental haciendo metáfora de su más honda, de su más miserable condición de brutos, de sí mismos, descarnados, puros; no hay más que la carne humana dotada de sentimiento, de instinto y de endeble moral. Al transformarme, asumo ser el otro, el cavernario brutal que arrebata, ciego, las certezas al indefenso, probo hombre que despierta, bañado en sangre, con el regusto amargo de la adrenalina en la comisura de los labios.
Pero somos el mismo, la ferocísima garra y el inútil acto de contrición.
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