La madrugada me revuelve sobre la hamaca, el bochorno sofocante me pone en pie; ya ha pasado la borrachera y hay un atisbo de dolor que permanece en la espalda cuando busco el umbral sin puertas de esta casa.
Sostenido en sus blocks de granito, miro un perfil del horizonte; la madrugada tendrá coloración de incendio apaciguado.
En otro año, en otra ruta, una madrugada como ésta yo dormía intranquilo, a diez pasos de tí, recién pasado el aguacero. Algo de la resaca me hurga en las entrañas, algo del pasado hace lo propio. Vuelvo a tomar tu mano, para soltarla: en esa hamaca que compartimos antes del desayuno fotografié por primera vez la ternura de tu rostro.
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