martes, 1 de agosto de 2017
III
Toda carretera presente en la fotografía es el símbolo inequívoco de choques y cuerpos descoyuntados sobre el pavimento, de cristales rotos y manchones de sangre, de alaridos dolientes y gemidos al borde de la inconsciencia. Cada curva es una invitación a colisionar con el primer objeto que aparezca frente a los ojos y ofrezca la contundencia necesaria para astillar el equilibrio de estar apenas respirando. Ansia de salir volando, olvidarse girar el volante, probar la resistencia milenaria de los robles y los pinos.
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