domingo, 6 de agosto de 2017

VII

Me sorprendió la madrugada. Prendido con los dientes de la inusual ternura. Yo, un hombre duro, molido a palos de anhelar otro cuerpo. Yo, el trozo de hielo que mordió tu labio.
¿Qué veneno, qué oscura magia inocula el deseo cotidiano cuando deviene distancia? 
Ni ella encontró al insolente borracho de otras noches, ni yo a la cínica mujer a la que me acostumbré a morder los labios

No hay comentarios:

Publicar un comentario

*

Sobre el oficio de naufragar

Es imperioso volver a nuestra condición de primigenio viento, de volver a vagabundear fuera del mundo. Como Odiseo, emprender el viaje para ...