LLevo semanas fermentando las ganas de burdel en la garganta. Una abulia me impide navegar hacia esos bares. Cada noche, espero a que el reloj marque las diez para salir a buscar el ardiente beso del alcohol y de un par de labios abiertos.
Alguna tarea me absorbe sin embargo, o el sueño con sus caballos me atropella.
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