Es imperioso volver a nuestra condición de primigenio viento, de volver a vagabundear fuera del mundo. Como Odiseo, emprender el viaje para salvarse uno mismo, para incendiarse y cual un fénix renacer de entre la ceniza.
Abordar una barcaza endeble, y naufragar es obligatorio. Postergar hasta la imposibilidad el viaje de vuelta, perder cada nave y cada anhelo para reconfigurarse en el crisol de la ausencia.