No: la noche no cayó sobre mis ojos para dejarlos sobre el tedio. Mis ojos cayeron sobre la calle lluviosa de la madrugada. Vagabundean sin rumbo, patean baldosas, escupen los cristales de la nostalgia con la esperanza de escupir sobre los artículos de falsa joyería que tras ellos se exhiben, y secretamente desean que el escupitajo sea veneno.
Pero es tan inocente el anhelo cuando olvida que el olvido es un infundio, apenas una puerta de la confusión, pero nada más.
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