jueves, 26 de marzo de 2020

LV

Para dejar de lado el dolor, volví una madrugada a encallar en la ciudad. A solas recogí las huellas del invierno, me refugié en campanarios para advertir la llegada de la primavera.
Bebí el agua de la lluvia para apaciguar mi sed de tu carne -carne que pertenece a un cuerpo que anhelé mío que responde a un nombre común y a otra lista breve de adjetivos y apelativos que prefiguraban, apenas hechos palabra, la cómplice intimidad que ahora, en soledad, acaricio como a un perro de nostalgia.
Para encallar en la noche de la ciudad inventé una palabra que te nombrara, un verbo que justificara todos los naufragios, este ahogamiento, el cadáver de mi adolescencia más dolida.

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