En otro tiempo, en otra tierra, frente al ocaso, un olor a ámbar colmó el ambiente.
En otra orilla del mar, en este tiempo, la noche arriba con su flota de
estrellas: consigo trae un mensaje que espero y sin embargo me resisto a
creer.
Vuelve a llegar la tarde, pródiga en inquietantes dudas.
Puede más la euforia de la novedad, la férrea voluntad que se doblega
ante la inefable novedosa noticia.
Por eso, aquella tarde, ante el cristal sonrojado del ocaso, anonadado, el escéptico elevó una plegaria.
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