jueves, 26 de marzo de 2020

XXXVI

No hay afuera. La habitación se desmorona en el interminable mediodía. En el orden de las cosas, hay un cadáver con mi voz, un arma blanca señalando a mi esternón, y un montón de papeles emborronados con un nombre ajeno.
No hay afuera. Las paredes crecen en su humedad.
No hay afuera. El desgarre primigenio sucede a la luz de los bombillos fundidos. En la sala se sientan a charlar mis fantasmas y el otro. Aunque busco en el botiquín del veneno, alguien se ha llevado la cicuta.
No hay afuera. Los espejos han huido de esta casa. El silencio, rítmico, te nombra.

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