He caído, presa del cansancio, en el agua del sueño. Todo se ha
humedecido en torno. Todo se ofrece a la boca insaciable del musgo. No
pienso en labio de mujer alguna, pero la yema de mi dedo palpita y arde.
En los pliegues de la noche, alguien grita. Alguien más dispara hacia la nada.
Sin querer, he dicho su nombre. Con el sonido ha vuelto el crepitar de nuestros cuerpos. Pero la habitación está vacía.
Yo formo parte del inventario del olvido
No hay comentarios:
Publicar un comentario