Fondas en la madrugada, la mujer baja de un tráiler arreglándose el
vestido. Casi sin precaución, se acerca a la bomba despachadora de
diésel. Toma la manguera de agua, se recoge el vestido hasta la cintura y
procede a lavarse el coño. Luego, sube a otro tráiler.
Al otro lado de la carretera, mi cigarro se consume. El primero en meses. Por fin una brisa fresca acaricia mi rostro.
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