jueves, 26 de marzo de 2020

XLI

Hay un adolescente triste que me acompaña a donde quiera que voy. Diminuto, mira el paisaje desde el balcón de mi retina.
Algunas veces sale a mirar la devastación sobre mi hombro. Sobre todo, suele alegrarse cuando visitamos ciudades caóticas y grises.
Ahora que he vuelto a la ciudad donde yo me hice mayor, lo noto enfurruñado. Está agazapado y hosco en algún rincón de mi cabeza. Sé que agoniza, que está pronto a despedirse.

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