jueves, 26 de marzo de 2020
XLVIII
Y ando, como herido, como quien carga la resaca de una vida sobre los
párpados, como quien sabe que basta poco menos que un traspié para hacer
añicos los guijarros del ánimo. Como quien teme la llegada de un
enemigo desconocido, de una muerte indigna, trastabillante, que acecha a
la vuelta de cualesquier esquina, y no hay calma, y toda pesadilla es
brasa suficiente para incendiar la calma.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
*
Sobre el oficio de naufragar
Es imperioso volver a nuestra condición de primigenio viento, de volver a vagabundear fuera del mundo. Como Odiseo, emprender el viaje para ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario