Entonces, en medio del desvelo, entre los párpados que se cierran
irremediablemente, puertos frente a la noche, o al amanecer, ciudad en
guerra, enloquecida bajo la alarma antibombardeos, apareces tú, apenas
una palabra que encierra una frase, que encierra una verdad en esta
tierra. Pero más que el sueño, la palabra críptica, torpe,
edulcoradamente adolorida aunque sin queja,
brota breve en dirección tuya, responde. Apenas monosílabos, apenas la
taimada cortesía, tratando de adivinar tu rostro, pero nada.
Cómo
volver a la natural ternura luego del cataclismo, cómo. Hay veredas que
una vez invadidas por la maleza se entregan al olvido, a la nada. Y sin
embargo, ah, terrible corazón, fardo sin amarras!
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