jueves, 26 de marzo de 2020

XXXVII

La ciudad, húmeda en sus calles, me mira pasar.
Pareciera que llevo prisa, que la noche ha anidado en mis ojos y se dispusiera a empollar sus huevecillos. Pero la noche no se engendra a sí misma: se fagocita para dar paso al alba.
Al doblar la esquina, el semáforo parpadea mientras extiendo mis alas de buitre. Mi olor pasa desapercibido para los fantasmas, pero saben que no he hallado ni pizca de carroña.

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