jueves, 26 de marzo de 2020

LVI

Han sido semanas de masticar las ganas, porque tuviste la osadía y el descuido de reencontrarte con ella a las puertas del deseo, y quisiste, aceptaste entrar sin más, sin precauciones. Luego vinieron largas horas arañando paredes y calendarios, hecho nudo, esforzándote por mantener la vertical como el que ha bebido más de la cuenta pero busca ansioso el siguiente trago.
Ahora la indecisión de la brevísima distancia, poner la barrera de pretextos y postergaciones a otro encuentro para evitar la herida que ya sientes crecer en tu costado.
Llamarle y dejar a la casualidad hacer su trabajo, que ponga también sus barreras, asumir la indiferencia como estado de ánimo perpetuo, decir que no importa, que habrá después para no desmoronarte frente a ella porque no quieres aceptar que estás al borde, a punto de doblar la humanidad, y prefieres esta llama helada, saberla ajena, que aceptar estás dolido y ansioso de pactar tu rendición ante el fuego de su lecho y de su desenfado.

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