jueves, 26 de marzo de 2020

XLII

Sentados a la mesa, miramos la garra del frío acercándose a tus piernas.
Sin notarlo, un viejo pensamiento se posa en mi cabeza como un ave en busca de nido: 'que el deseo no se fomenta, se fermenta', como un buen alcohol, insisto.
Para ninguno de los presentes es secreto el deseo que tu presencia enciende en mi persona. Para ti tampoco. Pero quiero provocar el tuyo con el artificio de la palabra, sin tocarte, mirando tus enormes ojos mientras escuchas. Seguro que alguna vez quisiste probar un platillo desconocido, sólo de oírlo describir. Algo así intento cuando digo que quiero despertar el volcán de tu deseo.
El frío tiene mandíbulas poderosas, por momentos quisiera romper esta regla de no abalanzarme sobre ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

*

Sobre el oficio de naufragar

Es imperioso volver a nuestra condición de primigenio viento, de volver a vagabundear fuera del mundo. Como Odiseo, emprender el viaje para ...